Autorretrato en un Bugatti Verde. Comentario.

Autorretrato de la artista polaca Tamara de Lempicka, pintado en París en 1929. Fue un encargo para la portada de la revista de moda alemana Die Dame  para celebrar el independencia de la mujer. Es uno de los retratos más conocidos e icónicos del  Art Deco.

Análisis
La obra es un pequeño óleo sobre tabla (35×27 cm) que reúne las características técnicas y artísticas del Art Deco y de la pintura de la artista.

Tamara Lempicka se retrata como una mujer independiente y elegante conduciendo un Bugatti verde símbolo de lujo y modernidad. Los Bugatti son los coches más potentes de los años 20 (ella sólo tuvo un Renault amarillo). Se considera un homenaje a Isidora Dunca, bailarina, para muchos la creadora de la danza moderna, que murió a los 50 años en un accidente de tráfico en Suiza. La leyenda dice que estrangulada por el chal que llevaba al cuello al enredarse en la rueda del Bugatti que conducía.

La obra representa muy bien el espíritu de los Años 20, por un lado las ganas de vivir, una vez superada la tragedia de la Primera Guerra Mundial. Por otro lado, la figura femenina comenzó a ser una pieza clave de la modernidad, las mujeres ya habían demostrado su valía en la Gran Guerra y ahora, luchan con fuerza por tener su lugar.

La composición del cuadro la resuelve con un primer plano cerrado de una mujer al volante posando sobre la puerta izquierda de un deportivo, con mirada intensa, tez anacarada, cabellos rubios, nariz griega y labios rojos. . Lempicka se retata como una mujer emancipada, elegante, femenina, sensual, urbana,moderna (como lo demuestra a través del coche, vestimenta, peinado y maquillaje). También tiene el toque garçonné, palabra francesa de moda en los años 20 para referirse a las mujeres que reivindicaban los derechos y la igualdad de género adoptando una figura andrógina.

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Utiliza un dibujo preciso y firme que delimita las formas y planos geométricos que componen la obra. Los trazos recuerdan al Cubismo.

Predomina una paleta de colores donde el verde y gris metalizado dan paso a la parte central de la escena: el rostro. En él destacan unos ojos empolvados, firmes, insinuantes, y unos labios rojos retadores, también transmite fuerza la mano que sujeta con decisión el volante. En la composición tienen un papel fundamental los contrastes de luces y sombras.
Esta obra hace un guiño al movimiento futurista, caracterizado por su fascinación por la velocidad, la tecnología y la vida urbana.

Comentario

Tamara de Lempicka, pintora rusa muy destacada en los inicios del siglo XX como retratista y como representante del ‘Art Decó’, es una de las pocas artistas que tuvieron éxito en vida aunque con posterioridad su obra quedó relegada al olvido.
Vivió en el periodo de entreguerras, durante los años 1918 y 1939, cuando la Primera Guerra Mundial había llegado a su fin y el mundo aún no era consciente de que otra gran guerra estaba a punto de estallar.
Lempicka pertenece a una familia adinerada, vinculada con el mundo de las artes. Estudia en Suiza, veranea en San Petersburgo y vive en París, y es aquí donde empieza a ganar fama entre la alta sociedad parisina gracias a sus distinguidos y glamourosos retratos.
En los albores de la Segunda Guerra Mundial se marchó a América.
La afectividad y ternura por las mujeres resultará evidente en una obra que se centrará en retratos femeninos; apenas hay cuadros de hombres.

Fue considerada el símbolo de los locos años 20, una mujer adelantada a su tiempo, autosuficiente y con una creatividad sin límites, y cuya vida se apagó mientras dormía a los 82 años. Por expreso deseo de su hija sus cenizas se funden hoy con las del volcán Popocatépetl (Méjico).
En sus obras retrata el nuevo paradigma de la mujer de los años 20 y 30, mujeres que pretenden emanciparse, que fuman, conducen su propio
coche, adoptan una indumentaria un tanto andrógina, con cabello bob o a lo garçon, hacen deporte, viajan y disfrutan de la vida…Muchos retratos son desnudos y en ocasiones, muestra abiertamente escenas de homosexualidad femenina.
Los cuerpos que pinta suelen ser muy escultóricos, con formas rotundas, como si fueran estatuas clásicas pero sin estar basadas en las proporciones
perfectas del canon griego.
Las miradas de los retratados suelen ser melancólicas, tristes o pensativas. Consideraba que se autorretrataba en todas sus obras.
Sus referentes estéticos son muy variados: oscilan entre la pintura italiana del Renacimiento, las odaliscas del neoclásico francés INGRES y sobre todo el influjo del Cubismo. Las líneas depuradas, facetadas y geométricas que dominan su obra también nos remiten a Picasso, y no solo al cubista, sino también al más clásico de la “vuelta al orden” de los años 20.
Entre sus profesores en París destacan André Derain y el neocubista André LOTHE (1885-1962). Sin duda Lothe es el que más profundamente marcó
su obra pictórica y de él asimiló un cubismo “blando”. Según Alain Blondel, Lempicka consiguió un proceso de síntesis sorprendente y único en sus
obras entre el arte renacentista y el neocubista.

Autorretrato en un Bucatti verde es una de las obras más representativas de Tamara Lempicka.

Un comentario en “Autorretrato en un Bugatti Verde. Comentario.

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